El pensamiento y la percepción pueden modificar la actividad genética humana

No es difícil afirmar que nuestro estado mental tiene repercusión en el estado físico, y más si tenemos en cuenta que muchas de las enfermedades actuales de las grandes ciudades no son más que somatizaciones del estado de un persona que se van acumulando al paso del tiempo.

Problamente, cualquier profesional de medicina general, diagnostica úlcera pépticas o dolores musculares como consecuencia de los factores externos a los que están sometidos las personas. Y si vamos más allá, problemas más graves como patologías crónicas e incluso el propio cáncer.



No es nada nuevo vincular la epigenética en estudios epidemiológicos junto al equilibrio emocional que debe mantener todo ser humano a lo largo de su vida. En la actualidad, sabemos que, por ejemplo, la demencia tiene de base y en común que la gran mayoría de pacientes que la padecen poseen ciertos genes inactivos químicamente, lo que es una evidencia y un hallazgo muy importante para el tratamiento de la enfermedad y la elaboración de un patrón preventivo.

A pesar de todo esto, la ciencia no abre la puerta del todo al estrecho enlace existente en nuestros pensamientos y la forma en la que el propio cuerpo responde. Es más, si un fármaco puede ser una molécula que “encaja” en ciertos receptores, o bien, estimula la regulación de otras moléculas para originar “X” efecto, ¿no podrá el propio ser humano combatir ciertas enfermedades a través de un pensamiento positivo que provoque una reacción similar?.

Origen de Estudio: ¿puede el cerebro humano recuperar su estado de salud inicial?

Las terapias alternativas, los nuevos diseños farmacológicos en términos de medicina, la meditación, el yoga e incluso la escucha de sonidos binaurales han sido objeto de estudio debido a que su propósito final ha sido siempre el de obtener un efecto positivo para la salud. Estos últimos, con más énfasis, porque consisten en entrenar a la mente o la inducen a ciertos estados de conciencia para lograrlo.

Hace unos meses, se realizó un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad Wisconsin-Madison (EE.UU), España y Francia que por primera vez concluyecon una primera evidencia de cambios moleculares específicos en el cuerpo humano tras un período de práctica intensiva de meditación, conciencia activa o mindfulness. El resumen y la conclusión se publicaron en la revista Psychoneuroendocrinology.

El estudio, supervisado por el Dr.Richard J. Davidson, se realizó con dos grupos de personas. El primer grupo dedicó 8 horas de prácticas intensas con la mente. Es decir, prestaron atención en todo momento a sus pensamientos, sensaciones corporales, emociones y, en definitiva, a percibir en tiempo real sin juzgar el beneficio, la adversidad o la temporalidad de sus sentimientos. A esto se le conoce como mantener una conciencia activa (mindfulness).

El segundo grupo era el grupo de control. Estas personas destinaron las 8 horas a realizar tareas y actividades en un ambiente plácido y de tranquilidad, pero sin llegar a utilizar la meditación ni la capacidad de concentración mental.

Sorprendentemente, y tras finalizar el estudio se detectaron alteraciones en genes que son dianas específicas de los fármacos que están estrechamente relacionados con los procesos inflamatorios del organismo. Más concretamente, los genes afectados fueron los pro-inflamatorios RIPK2 y la COX2, así como varios genes de HDAC (histona deacetilasa) , encargada de regular la actividad de otros genes marcados químicamente.

Es decir, el primer grupo logró modificar los genes que dan respuesta beneficiosa para tratar ciertos enfermedades inflamatorias, por lo que realmente existe un mecanismo biológico vinculado a la actividad mental con capacidad de provocar efectos terapéuticos.

La exploración del subconsciente es la clave del poder de la mente sobre el cuerpo

El resultado de estos estudios pueden indicarnos cierto grado de dinamismo en la expresión de los genes, sugieriendo que una mente tranquila y sin patología conocidas puede realmente ejercer una influencia potencial en la expresión de éstos cuando

El problema, según Lapton, radica en que los pensamientos positivos provienen de una mente consciente. Es decir, siempre de estímulos y pensamientos que tiene una persona en estado consciente. Por ejemplo, programarse un objetivo que provoque alegría o felicidad en el entorno o plantearse un estado de ánimo positivo.

En cambio, la parte de mente más poderosa es la que reside en el subconsciente y aquí es dónde se programan y ubican los pensamientos negativos. Por ejemplo, un estado de shock o un trauma infantil es capaz de alterar la mente para “eliminar o borrar” parte de la información que retiene nuestro cerebro. En realidad, dicha información no está perdida. Se encuentra en esa parte más inaccesible del cerebro humano y por ello, en la gran mayoría de ocasiones, se recurre a estados hipnóticos o de regresión para recuperar los trozos faltantes con la intención de superar esa secuencia de la vida o afrontar el pasado para poder “salir adelante”.

Las personas tienen comportamientos conscientes y así lo son sus creencias cuando las expresan de forma subjetiva hacia los demás. Lo peor es que creemos que todo ocurre en esta parte de la mente cuando pasa totalmente lo contrario. La mayor parte de la población no puede ni sabe reconocer que su mente subconsciente forma parte indivisible de su vida.  La mente subconsciente es capaz de operar y programarnos al 95-99% de nuestra vida, y siempre haciéndonos creer que somos “nosotros” lo que tomamos el control del organismo. De nada sirven las afirmaciones que nos realizamos a nosotros mismos con actitud positiva si existe un bloqueo por parte de esa mente “escondida”.

Por el contrario, de nada sirve aparentar una sola personalidad si nuestro subconsciente es capaz de delatarnos con múltiples personalidades y mostrarlas al exterior, al conjunto de la sociedad quién lo interpreta como una evidente conducta violenta, por ejemplo, o una patología mental.

De todas formas, debemos partir de una premisa esencial y es que dicho subconsciente no trabaja solamente de forma negativa, sino que también puede proveernos de elementos buenos o favorables para el desarrollo personal, intelectual o fisiológico.

Los sonidos binaurales pueden ser un método más de entrenamiento hacia la mejora de nuestro estado mental. Indagar con ondas cerebrales que actúen primero en la concentración y, posteriormente, abran el subconsciente para desplazar la parte negativa puede convertirse en una misión casi imposible para algunos e improbable para otros. Otras personas incluso, pensarán que este relato en forma de artículo es una simple fantasía, no amparada por la ciencia y carente de sentido.

Lo cierto es que la epigenética existe y es defendida por el método científico, base de todo lo creible, de nuestra aparente realidad. Aunque no todo lo creible se encuentra en la parte consciente. ¿Cómo saberlo?.

Fuentes de información:

“Rapid changes in histone deacetylases and inflammatory gene expression in expert meditators” Perla Kaliman, María Jesús Álvarez-López, Marta Cosín-Tomás, Melissa A. Rosenkranz, Antoine Lutz, Richard J. Davidson Psychoneuroendocrinology. 2014 Feb; 40: 96–107.  [Ver artículo completo en la NCBI.]

“Human DNA methylomes of neurodegenerative diseases show common epigenomic patterns” Translational Psychiatry (2016) 6, e718; doi:10.1038/tp.2015.214

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